Mientras Pino Solanas denuncia a la presidenta por defraudación al Estado por querer pagar deudas ( según él ilegítimas) y que las pague Magoya, qué fácil; la presidenta acaba de echar a Martín Redrado. La paradoja es que éste, Redrado tampoco quiere pagar y coincide con Solanas. Y ahí está Pino. Alto, erguido: ojalá no logre nunca convertirse en bonsái. Aunque a lo mejor no le importa, porque últimamente el bonsái se viene usando mucho en la política. Lo que es la vida. Ves llorar la Biblia junto al calefón. A su vez con ambos coinciden los políticos opositores y los consultores de los grandes centros económicos y los grandes medios argentinos. Y López Murphy, Melconian, Roque Fernandez y Aldo Abraham. Economistas estos que no simpatizan especialmente con el Alba, con Correa y Evo Morales. Y Francisco de Narváez, Macri y Lavagna coinciden con aquellos. Toda la patria democrática y republicana coincide. Vilma Ripol también. Y los constitucionalistas que toman el tren en Constitución. Y los que sacralizan las normas de probeta. Los ruralistas están desconsolados y recuerdan cuando el Banco Central era solo de ellos y el único que podía darle órdenes era Sir Otto Niemeyer del Banco de Inglaterra. Qué tiempos. Y si le preguntan a Castells les va a mostrar que ya se mandó a hacer chalecos piqueteros con el logotipo de Redrado. El gobierno debería rogar que no se le ocurra a Milagro Sala ni a Luis D´ Elía organizar marchas para reponerlo. La Iglesia no se ha manifestado pero puede deducirse qué piensa. Es que el Banco Central no se toca. Es como el último peaje que queda de control extranjero satelital con nostálgicas ideas de autonomía liberal. Y de casamata a prueba de ladrones populistas. No lo toquen, gritan excitados como si les estuvieran tocando el corazón de la soja. Cobos ya se sabe: antes de que el Gobierno tome una medida, la rechaza. Elisa Carrió debe repetir que les dan asco y asco ya se sabe quiénes. Naturalmente la expulsión de Redrado la rechazan los opositores que siempre cuidaron tanto al Banco Central que no pueden soportar que hoy quieran maltratarlo. Tanta sensibilidad derramada, como si el gobierno hubiera ultrajado al banco de la patria. Extraordinaria actitud la de Redrado. Así se resisten los varones más duros. Hasta que la fina mano de una mujer pone una firma y chau. Y lo disfuma. El destino del ex presidente del Central se vuelve más relajado. Pasa a jugar en el equipo de enfrente, de donde nunca quiso irse.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 8 de Enero de 2010 en Radio del Plata.
viernes 8 de enero de 2010
jueves 7 de enero de 2010
Ruidos muertos
Ya está. Y como canta el tango: “sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando”. Si hasta cuando se murió el hijo de Dios no se paró el universo. Tampoco con Sandro. La rueda no para nunca. Se acaba el ruido de un funeral popular y empieza el ruido por otro: el funeral de Martín Redrado en el Banco Central. Lo que no quiere decir que no puede resucitar, pero cruzando hacia el otro lado de donde nunca quiso irse. Muchos políticos arman tanto ruido para que no se note cuando bajan la voz, que da lo mismo oírlos o no oírlos. Los que no hacen ruido son los predadores económicos furtivos. Ellos tienen lobistas que los representan. El Banco Central es uno de los lugares que más acechan. De pronto algunos salen a defender el Banco Central tan entusiastamente que uno deduce qué poder guardarán ahí adentro tan celosamente. El Banco Central hace ruido porque se cree que está aparte de todo. Su presidente presume que es inamovible porque está en un Vaticano independiente del país soberano. Los mismos lamebotas que lamieron al enviado Arturo Valenzuela, lamen ahora a Redrado como antes a Cobos. Los periodistas colonizados siempre defienden a los virreyes. Y los que fundieron cíclicamente las reservas ahora ponen el grito en el cielo y se vuelven amarretes. El Banco Central es un ruido tardío de los años noventa. El Gobierno pretendió no oírlo y recién se despierta cuando el establishment opositor lo roe desde adentro. El Central lo inventó en la década infame el presidente del Banco de Inglaterra. Enarbolaban esta consigna: “Que los nativos argentinos elijan sus gobiernos, los ingleses tenemos el Banco central y la hegemonía económica”. Aquí la oligarquía latifundista bailaba en cuatro patas: las de las vacas. Vino la ya remota revolución económica peronista de los cincuenta, y el banco vuelve a ser argentino. Con los tiempos recomienza su historia de paulatina autonomía. En 1992, la segunda década sombría, se firma una nueva carta orgánica dictada por el Consenso de Washington y los organismos internacionales, para que los gobiernos latinoamericanos no tengan injerencia en los sistemas monetarios. Y el Banco Central fue como un Estado dentro de otro: el estado Argentino. El nuestro. Mercedes Marcó del Pont no tuvo éxito en el Parlamento cuando hace pocos años presentó un proyecto para cambiar esa carta orgánica disciplinadora. Y de algún modo con poder de chantaje sobre cualquier gobierno popular con decisiones heterodoxas y no de ajuste o dieta perpetua. Aquí está hoy el precio que se paga. Martín Redrado, más temprano o más tarde, tenía que ser fiel a su naturaleza. En su caprichosa resistencia ideológica tiene colaboracionistas nostálgicos que fantasean con la idea de un golpe leguleyo al estilo Micheletti en Honduras. Ya está a tono el vicepresidente; se tienta al presidente de la Corte Suprema y se arma una patrulla perdida con el Banco Central. ¿Qué más falta? Los grandes medios dale que dale con la quiebra institucional; los empleados alcahuetes que nunca se jugaron por nada ni por nadie, ahora se encolumnan con el patrón. El poeta Mario Trejo escribía: “Dos cosas hay que temer: a la derecha cuando es diestra y a la izquierda cuando es siniestra”¡Madre mía!, que el gobierno tenga algún plan para salir de ésta con menos daño que con la 125. Aguantar, aguanta, pero no es compensatorio atacar sin tener una buena defensa para no recibir piñas al pedo. El papel de la oposición ya está al desnudo: es el de la conspiración permanente. Los grandes Medios le producen el mismo encantamiento de poder que antiguamente les producía el favor de los militares. A Redrado no hay que esperarlo a que se “desatrinchere”. Tiene que ir Aníbal Fernández a su despacho del Central y cerrar la puerta tras de sí. Y después de un rato, salir con la ropa desaliñada y decirle a los periodistas: “Ya está, aquí tengo su renuncia”. ¿Y cómo lo convenció? “Ah, no, ese es un tema privado entre Redrado y yo”.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 7 de Enero de 2010 en Radio del Plata.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 7 de Enero de 2010 en Radio del Plata.
lunes 4 de enero de 2010
De un periodista, al periodista Víctor Hugo Morales
Esta primera carta abierta del año 2010 no debería estar escrita ni hablada sino que debería estar sobreentendida e implícita como deben estarlo la gratitud y el reconocimiento. Porque hay gestos que son regalos de imposible equivalencia. Pero si Víctor Hugo Morales hizo pública por radio Continental la honestidad y cualidad del periodista Orlando Barone, y aunque esta- mi retribución- no sea compensatoria dadas las diferencias que hay entre tribuna y peldaño, y entre las metáforas de un “barrilete cósmico” y la de un barrilete de juguetería, quiero también públicamente y por radio del Plata, darle las gracias a Víctor Hugo Morales. Porque al enterarse de que la revista Noticias me eligiera como el “peor periodista del año”, reaccionó ante el micrófono como tocado por una bajeza y una injusticia. Y arriesgándose al encono de gran parte de la corporación mediática, no dudó en defender a un periodista “inconveniente” o “jugado”-según sus palabras- y asumió mi defensa profesional y ética dejando en claro que hay sectores dañados y corruptos de la política y del periodismo que contra aquel que no se asume como manada actúan canallescamente. Dante Alighieri aloja a los ingratos en un profundo infierno. Y yo no quisiera ser horneado en él. Por eso este agradecimiento público. A vos Víctor Hugo. Para que la vida ya no me permita torcerlo o reducirlo por ningún motivo posterior y anecdótico. La gratitud debe ser tan larga como para resistir contingencias que pudieran amenazarla. Que un periodista de tamaño superior como Víctor Hugo haya acudido en mi defensa, defendiendo a su vez la dignidad de un oficio de libertad condicionada a hegemonías económicas, me hizo empezar bien el año. A través de él le agradezco a quienes privadamente se adhirieron. Valoro también a tantos que calladamente rechazaron ser jueces en una competencia inducida por el comisario y su caballo. Pero hay que asumir lo que el prístino editor Jorge Fontevecchia ha sentenciado avalado por la voluntaria participación de un jurado prístino. Fui consagrado “ el peor de todos”. Así como Joaquín Morales Solá fue elegido “el mejor”. ¿Cómo no va a merecérselo con los méritos que hizo? No hay mejor periodista que el que no daña a los dañadores sino que los protege y los lame. No me inquieta que en ese jurado que me desciende hayan estado Cleto Cobos, de Narváez y Elisa Carrió, y Marcos Aguinis y el rabino Bergman entre otros demócratas. Sus votos eran previsibles. Pero me inquietan otros miembros del jurado. Me pregunto sin guardar ilusiones: ¿ Victoria Donda, Jorge Lanata, Braga Menéndez, Artemio López, Ricardo Rouvier , también ellos me eligieron el peor? Y además Julio Bárbaro. “¿ Tú también, Julio?” diría el César en la obra de Shakespeare. Sí, también él. Al principio sentí algún temor de que la votación fuera certera y yo fuera realmente el peor periodista. Calculé que en ejercicio hay más de veinte mil y que salir último en la lista superando incluso al dueño de la revista Noticias es un récord. Porque si Nelson Castro, si Leuco, si María O`Donnell, si Magdalena, si el deshumorado Nick desde el jurado decidieron mi condena tendrán pruebas de mi inferioridad. A estos nadie les dictó el fallo ya que se lo sabían de memoria. Pero por suerte está allí Victor Hugo con su fraternidad, que es su naturaleza, para comprender que el peor mejora según quienes lo juzgan. A Noticias y a su director no vale agradecerles con un pedorreo merecido, sino con una lección de periodismo-periodismo. Para esto escuchen la grabación de Víctor Hugo Morales. Y que la sigan sorbiendo.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 4 de Enero de 2010 en Radio del Plata.
¡Feliz año para todos!
martes 22 de diciembre de 2009
Deseos anuales y anales
(Para el blog)
Se abre un espacio de pausa. Milena a cargo de este espacio lo mantendrá fresco, creo. Libre e incensurado. La habitual carta abierta reaparecerá en dos semanas. No obstante cada tanto podría incluir algún texto alternativo.
Me siguen sorprendiendo el diálogo, las tensiones, el rumoreo del blog; pero más me sorprenden los militantes positivos que los “no positivos”. Estos todavía la “siguen chupando”. Y dos años más los torturan. Dicho esto metafórica y divertidamente. Quizás más adelante los chupadores seamos los que hoy nos divertimos. En Página 12 se publica la última carta abierta del año de los intelectuales. La leí muy temprano. La recomiendo a aquellos entrenados a lecturas políticas complejas. No es fácil pero es honda. Pone la mira en los riesgos de quienes empujan por un retroceso. En otro estilo coloquial, en Página 12 del domingo 20, José Pablo Feimann escribe en el fascículo semanal sobre el peronismo. Esta vez su relato incumbe a José Rucci. En retrato comparado con aquel líder troskista, Agustín Tosco. Para Feimann el que gana es Tosco. Y de paso, sin piedad, enaniza a los petisos (Rucci lo era), además de discutir consigo mismo y con los otros judíos acerca de lo judío. Es un Feimann auténtico. Se toma o se deja. Aclaro que no lo dejé de leer a pesar de que soy petiso y su “antipetisez” es imperdonable. Aunque la argumentación tiene algún fundamento. Todo lo tiene. Hasta Abel Posse tiene sus buenos argumentos fascistas. Y tan previsibles como que no se han renovado desde la época del Tercer Reich y de Mussolini. Lo que prueba que esta ciudad que presume tantas veces de sus luces tiene sus zanjas sombrías. La izquierda de Pino Solanas y Lozano también tiene sus argumentos antigobierno. Son más rabiosos y opositores que todos los argumentos opositores. Cada uno es responsable de sus amores, pero más de sus odios. El odio es dañino desde su origen y al contrario del amor, que alguna vez cesa, el odio continúa y no sana nunca. En tanto los medios hegemónicos narran la realidad ficcional en gran escala. Es tan intensa y brutal la consigna opositora mediática que cuesta creer que cientos o miles de periodistas que responden a esos medios tengan igual posición de oposición que la de sus empleadores y más todavía. Quienes apoyan, defienden o acompañan en general la gestión del gobierno son impelidos a discutir sobre todo lo que dicen esos medios. Y ponerse a discutir sobre aquello que se selecciona con malicia, que se manipula, que omite los contextos o esconde otras noticias y cuestiones para privilegiar las que encuentra más propicias a sus rechazos e intereses, es inútil. No hay que discutir sobre lo que cuentan los medios-es vano- sino sobre lo que los medios no cuentan. Porque así los opositores van a tener que apelar a argumentos propios; agitar sus inteligencias en lugar de repetir como muñecos de ventrílocuos lo que el ventrílocuo mediático les dicta. Y acuérdense el verano encontrará a los muñecos con nuevos ingredientes de desánimo Contentos y cínicos anunciarán a los destinatarios cómo aumentan los pasajes, cómo aumentan los alquileres en las playas, cómo aumentan las sombrillas, cómo aumentan los peajes, cómo harán paro los ómnibus de larga distancia, cómo harán piquetes en la ruta los de Zamora o algún otro lado, cómo harán huelga los bañeros, cómo lloverá como nunca, cómo habrá sequías en el campo, cómo caerá mierda para todos mientras veranean. Bronceados y contentos contarán pálidas y anunciarán alborozados cómo el regreso será lento por el tránsito atascado y habrá riesgo de que no haya nafta ni gas y si hay un accidente sembrarán el terror y el pánico. Lo mejor del año que termina es lo que no se termina: la conciencia de que la Argentina de esta década empezó pigmea y hecha pedazos en 2001, y ya casi en el 2010 crece a estatura normal y no está rota. No hay nadie que no pueda darse cuenta, pero no darse cuenta es un recurso para no darse cuenta. A quienes me aprecian en mi papel de narrador y cuentero, mis mejores deseos anales. Es decir: anuales. A quienes no les importo no cometeré la falsedad de saludarlos. Un saludo demasiado global, diplomático e indiscriminado y que no mide cercanías y afectos, es vacuo.
Orlando Barone. Martes 22 de Diciembre de 2009.
Se abre un espacio de pausa. Milena a cargo de este espacio lo mantendrá fresco, creo. Libre e incensurado. La habitual carta abierta reaparecerá en dos semanas. No obstante cada tanto podría incluir algún texto alternativo.
Me siguen sorprendiendo el diálogo, las tensiones, el rumoreo del blog; pero más me sorprenden los militantes positivos que los “no positivos”. Estos todavía la “siguen chupando”. Y dos años más los torturan. Dicho esto metafórica y divertidamente. Quizás más adelante los chupadores seamos los que hoy nos divertimos. En Página 12 se publica la última carta abierta del año de los intelectuales. La leí muy temprano. La recomiendo a aquellos entrenados a lecturas políticas complejas. No es fácil pero es honda. Pone la mira en los riesgos de quienes empujan por un retroceso. En otro estilo coloquial, en Página 12 del domingo 20, José Pablo Feimann escribe en el fascículo semanal sobre el peronismo. Esta vez su relato incumbe a José Rucci. En retrato comparado con aquel líder troskista, Agustín Tosco. Para Feimann el que gana es Tosco. Y de paso, sin piedad, enaniza a los petisos (Rucci lo era), además de discutir consigo mismo y con los otros judíos acerca de lo judío. Es un Feimann auténtico. Se toma o se deja. Aclaro que no lo dejé de leer a pesar de que soy petiso y su “antipetisez” es imperdonable. Aunque la argumentación tiene algún fundamento. Todo lo tiene. Hasta Abel Posse tiene sus buenos argumentos fascistas. Y tan previsibles como que no se han renovado desde la época del Tercer Reich y de Mussolini. Lo que prueba que esta ciudad que presume tantas veces de sus luces tiene sus zanjas sombrías. La izquierda de Pino Solanas y Lozano también tiene sus argumentos antigobierno. Son más rabiosos y opositores que todos los argumentos opositores. Cada uno es responsable de sus amores, pero más de sus odios. El odio es dañino desde su origen y al contrario del amor, que alguna vez cesa, el odio continúa y no sana nunca. En tanto los medios hegemónicos narran la realidad ficcional en gran escala. Es tan intensa y brutal la consigna opositora mediática que cuesta creer que cientos o miles de periodistas que responden a esos medios tengan igual posición de oposición que la de sus empleadores y más todavía. Quienes apoyan, defienden o acompañan en general la gestión del gobierno son impelidos a discutir sobre todo lo que dicen esos medios. Y ponerse a discutir sobre aquello que se selecciona con malicia, que se manipula, que omite los contextos o esconde otras noticias y cuestiones para privilegiar las que encuentra más propicias a sus rechazos e intereses, es inútil. No hay que discutir sobre lo que cuentan los medios-es vano- sino sobre lo que los medios no cuentan. Porque así los opositores van a tener que apelar a argumentos propios; agitar sus inteligencias en lugar de repetir como muñecos de ventrílocuos lo que el ventrílocuo mediático les dicta. Y acuérdense el verano encontrará a los muñecos con nuevos ingredientes de desánimo Contentos y cínicos anunciarán a los destinatarios cómo aumentan los pasajes, cómo aumentan los alquileres en las playas, cómo aumentan las sombrillas, cómo aumentan los peajes, cómo harán paro los ómnibus de larga distancia, cómo harán piquetes en la ruta los de Zamora o algún otro lado, cómo harán huelga los bañeros, cómo lloverá como nunca, cómo habrá sequías en el campo, cómo caerá mierda para todos mientras veranean. Bronceados y contentos contarán pálidas y anunciarán alborozados cómo el regreso será lento por el tránsito atascado y habrá riesgo de que no haya nafta ni gas y si hay un accidente sembrarán el terror y el pánico. Lo mejor del año que termina es lo que no se termina: la conciencia de que la Argentina de esta década empezó pigmea y hecha pedazos en 2001, y ya casi en el 2010 crece a estatura normal y no está rota. No hay nadie que no pueda darse cuenta, pero no darse cuenta es un recurso para no darse cuenta. A quienes me aprecian en mi papel de narrador y cuentero, mis mejores deseos anales. Es decir: anuales. A quienes no les importo no cometeré la falsedad de saludarlos. Un saludo demasiado global, diplomático e indiscriminado y que no mide cercanías y afectos, es vacuo.
Orlando Barone. Martes 22 de Diciembre de 2009.
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