martes 10 de noviembre de 2009

Manual de estilo del periodismo negro

Un periodista que se precie no puede ignorar que cualquiera sea la cantidad de crímenes que se cometan por día, basta uno solo para tratarlo con la potencia de cientos. Y si ocurriera nada más que medio crimen igual hay que tratarlo como múltiple. Cuando un experto o una autoridad presentan estadísticas que desmerecen el auge del delito, hay que responderles con ironía, que será porque las balas en el cuerpo de las víctimas son sensaciones. Y si el periodista aspira a tener éxito debe tener en cuenta que el delito contra un famoso es más efectista y rendidor que el que se comete contra otro cualquiera y anónimo. Además, como recurso aumentativo, debe afanarse en hacer hablar – aunque agonice- a la víctima, o a los parientes conmocionados. Y estar atento a que los más desgarrados y llorados lucen más convincentes que quienes se contienen y lloran sin lágrimas. Y aprovechar su desconsuelo para extraerles deseos de venganza y en lo posible lograr que vociferen por la pena de muerte. Y todavía más: doble condena a muerte. Si una estrella o ídolo famoso adhiere al linchamiento o al garrote cruel, mejor todavía. Y repiquetear con la frase común a la farándula: ¡Hagan algo, nos están matando! La crónica requiere que al darse la información policíaca es incompetente constreñirse solo al balazo o la puñalada. Sino que se debe describir con delectación por qué lugar de la cabeza ingresó el proyectil calibre extra large, qué descalabro hizo al ir produciendo el agujero dentro del cráneo, y cómo explotó antes de salir por la nuca. Y si se tratara de crimen con puñal, precisar que órgano interesó y si lo destripó en zigzag u oblicuamente.
Y por supuesto no olvidarse de detalles intimistas de la víctima: si la plata que le robaron era para pagar la cuota de la casita, o la operación para dejar de ser ciego, o si el perro que tenía ya no come y sigue esperando al dueño en el lugar donde yació acribillado. Si la noticia es una violación ir con entusiasmo al “sexualismo”. Y pronunciar la palabra sonante bien silabeada. “Vi Ó la CIÓN. Y ampliar los detalles sobre si se trató de penetración frontal, bilateral o bucal y si es posible cuántas veces. Cuando haya vecinos reunidos y enfurecidos señalando la casa del posible sospechoso, azuzarlos con el micrófono y las cámaras de modo que se sientan protagonistas de una epopeya. Y si el periodista es sagaz, tratar de instigar a los vecinos diciéndoles que no hay que atentar contra la guarida del sospechoso, insinuando que no se les ocurra incendiarla ni hacer justicia por mano propia o ir a buscar kerosén, hasta que los vecinos no aguantan más, traen un bidón y le acercan un fósforo bien delante de la cámara para salir de frente. Nunca un cronista que se precie debe dejar de proclamar – a medida que informa- que la gente quiere los derechos humanos para la gente buena, no para los delincuentes, y que estos entran por una puerta y salen por otra. Y ante la sentencia del tribunal a un culpable decir que es un fallo polémico y que veinte años de cárcel no alcanzan para conformar a los deudos. Durante la crónica insistir con la palabra “impunidad” y también repiquetear con la palabra “inseguridad” que son como la amenaza de un arsenal de destrucción masiva. Aunque la mayor inseguridad es la realidad mediática. Es eficaz a la crónica desechar datos y estudios que contextualicen y enfríen el tragedismo argentino. Y hay que saber que un día sin muerto es un noticiero muerto. Porque si no se infunde miedo, dolor y sed de venganza, no se ejerce bien el periodismo negro.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 10 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.

lunes 9 de noviembre de 2009

El muro nunca termina

Sobre la caída del Muro hoy se canta en todo el mundo. Acaso haya antiguos residentes detrás del muro que lo extrañen; otros que a Gorbachov lo viven como a un héroe y otros que lo desdeñen como un débil. Habrá una historia que cuente que el fin del muro es la victoria de la libertad y quien cuente que , al contrario, acentuó aún más los cautiverios. Lo cierto es que aquel Muro de Berlín era un adefesio antinatural que terminó naturalmente demolido. Lo más difícil de hacer caer son los muros invisibles: esos que solo el dinero puede atravesar libremente sea de color blanco o negro. El ser humano siempre ha levantado muros. Adán y Eva levantaron el suyo al elegir ser echados del paraíso. Hay muros recientes como el de la frontera de México y los Estados Unidos o como el de Israel y Palestina. O como el de Fuerte Apache, en donde hay dos clases de encierro: el de los que viven adentro y los que viven afuera. Y no es nada original. Porque hay un gran muro que da la vuelta al mundo de construcción incesante y que nos encierra juntos y separados. Levantamos muros domésticos, y muros en countries y barrios cerrados. Levantamos alambradas y rejas que no son exclusivas de las cárceles. Desde niños se aprende a estarse en el corralito. Ya al nacer el ser humano encierra su libertad educándola a no cometer exageraciones. Pink Floyd en The Wall canta: “Profesores dejen solos a los alumnos. ¡Eh! Profesores déjenlos. Si no , no serás más que otro ladrillo en la pared. Si no, no serás más que otro ladrillo en la pared”. Hay una antigua y ya caduca interpretación del muro o de la muralla, como la del recinto protector que evita que en ese mundo encerrado entren influencias nefastas. Tiene la desventaja de limitar el dominio que encierra pero la ventaja de asegurar su defensa. Pero hoy el muro se revela en lo que es: la separación entre fronteras, entre culturas, entre individuos; y entre Dios y sus criaturas. Las religiones están rodeadas de muros y llevan bastante material sólido. Para los simbolistas el muro es la comunicación cortada con su doble incidencia sicológica: seguridad, pero ahogo; defensa, pero también prisión. No sé si a veinte años del fin del muro de Berlín- aparte de esa enseñanza increíble de cómo dos “Alemanias” opuestas pudieron hermanarse- la humanidad ha aprendido. Aquella asignatura pendiente de los románticos, naturalistas y utopistas de un planeta sin fronteras no está en el proyecto de nadie. Cada vez más hacen falta visas, pasaportes, certificados y garantías para irse de un país a otro. Hay inmigrantes que se ahogan por trasladarse furtivamente e inmigrantes que se mueren hacinados en camiones de carga y otros que están condenados a vivir en la clandestinidad y en los márgenes. Pero también uno mismo levanta dentro suyo muros o muritos que nos separan de otros y de entender nuevas ideas y de nosotros con nosotros. Como advierte la canción, “Otro Ladrillo en la pared” , los profesores que nos enseñan no hacen más que reproducir el mundo en el que a ellos les enseñaron a ser profesores. Todos somos reproducciones apenas retocadas de moldes precedentes. Nuestros padres vinieron con muros y cuando somos padres continuamos amurallando hijos. El muralismo-no el de las artes plásticas- es una tendencia frecuente en la civilización actual.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 9 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.

jueves 5 de noviembre de 2009

"El show de la impunidad" por Carrió

Palabras como madriguera, armas escondidas, conspiración del Gobierno contra si mismo, vaciamiento institucional, vaciamiento de los fondos jubilatorios, persecución y venganza contra la directora de Clarín y sus hijos adoptados, stalinismo, fascismo, fascinerosos, etc., corresponden al vocabulario estándar de Elisa Carrió. Es que, ¿La palabra libre es la palabra impune?
Todos decimos cosas de las cuales no tenemos ni pruebas ni asideros. A veces nos arrepentimos a solas, otras las seguimos sosteniendo porque no tenemos a mano la conciencia. Cualquier sobremesa de familiares y amigos es un ejemplo estándar.
Pero públicamente expresarse con libertad exige merecer esa libertad. En ese rango están los líderes políticos y sociales.
¿Cuándo un dicho o un mensaje adquiere el carácter de impune o la condición de irresponsabilidad? Ese es un pacto no escrito entre el emisor y el receptor del mensaje. Si el emisor expresa algo vil e incomprobable y el receptor lo aprueba, se cierra el circuito de credibilidad entre ambos. O se cierra el circuito de vileza. Elisa Carrió es el modelo más cierto de libertad de la palabra. Dice lo que se le canta y cuando se le canta. Es tal su devoción por la libertad que cada vez más se demuestra a si misma que es la que más la disfruta.
Su presencia audiovisual es muy solicitada. En los medios ejercita su impunidad verbal y su creatividad ficcional y profética. Sus entrevistadores (a veces periodistas notorios), especulan con el rating que ella y sus denuestos producen. Aunque ante ella y a modo de respuestas se permiten poner alguna cara de incredulidad o perplejidad. Como si se dijeran "No puedo creer lo que me está diciendo".
No hay ninguno hasta ahora capaz de interceptarla con una pregunta que la saque del columpio donde ella se hamaca a sus anchas mientras los otros la miran. Tampoco entre sus discípulos y aliados ninguno parece expresar la vergüenza ajena que uno supone debería abrumarlos. Hay contagios que contagian. Es como si se resignaran a que están frente a una conducta paranormal y entonces se contienen: tienen miedo de recibir una respuesta más paranormal todavía. Elisa Carrió acaba de enviar a las embajadas extranjeras un libelo en el que denuncia que el poder no lo ejerce la presidenta sino su marido: usurpador sin haber sido elegido. Compara la situación anómala institucional de la argentina con la de Honduras. Y después en el plató y ante los micrófonos dice que esto se derrumba y que estos ladrones se van llevar todo a las islas Caimán. Se desconsuela por la libertad de prensa amenazada, a la par que predice la hecatombe argentina. Pero, por suerte, ella se autocomplace diciendo que está ahí para infundir tranquilidad. Dicho esto guiñando un ojo suficiente desde un rostro anaranjado y exhausto por la adicción cósmica solar. Lo curioso es que los propios funcionarios del gobierno destinatario de las acusaciones abismales, las banalizan diciendo que la dirigente "los tiene acostumbrados" a esos dichos. Tampoco esto es normal. Y el ninguneo, como recurso, a lo mejor la provoca. Lo cierto es que ella siempre tiene público. El show la necesita.
Aunque Carrió no responde al género del espectáculo sino que se presenta como líder con afán de gobernar. Paradoja de quien no puede gobernar su propia pulsión de impunidad.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 5 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.

martes 3 de noviembre de 2009

El relato único de la manada

Para qué tantos medios, tantos periodistas, tantas agencias, si todos vamos a ver el mundo a través de la misma lente, de la misma noticia. Para qué tantas radios, tantos diarios y revistas, tantos canales y señales de televisión, si todos coincidimos en el tema y en el tono del relato. Para qué individuos dedicados a la profesión de informar, dispuestos desde distinta cultura y orígen, desde distinta imaginación y creatividad, si se los termina alineándolos en cadena al circuito de repetición asomados a la misma torre de observación. Participamos de una manada que ante el surtido de la vida y del mundo se restringe a mirarlo y contarlo con el mismo ojo dirigido hacia el mismo escándalo-negocio. Miles de periodistas y millones de personas son cada día atraídos hacia ese objetivo; como si la realidad fuese forzada a empequeñecerse al tamaño de una noticia que nos rejunta como si no hubiera otro interés que ése en la demanda. Así, una orquesta de obedientes y mecanizados instrumentistas y un vasto público consciente o inconscientemente cautivo convergen para no salirse del único movimiento que les señala totalitariamente el pentagrama, o según la ubicación en las gradas. Extraña forma de unificar la diversidad infinita de la vida de manera de narrarla a través de un limitadísimo enfoque. Los medios son como esos estudiantes copiones entre si cuyos exámenes resultan todos iguales. Y si el primero copió mal los demás se amontonan en el error. Lavamos la rica heterogeneidad para encorsetarla en lo homogéneo. ¿Es esto casual o intencionado? La respuesta está cantada. En este momento social la tragedia rinde más que la comedia. Tiene más beneficiarios.
Cuesta asumir que de una sociedad de cuarenta millones de seres con cuarenta millones de comportamientos, de pasiones, de inteligencias e ignorancias se acabe en el resumen totalitario de una noticia policial, o de un determinado escándalo escogido según sondeo del mercado. La sociedad así informada se resigna a que en la Argentina únicamente sucede eso que todos cuentan y que los medios imponen como centralidad. Ya que todo lo demás no sucede aunque suceda: porque se nos amasa para que suceda únicamente eso que se nos cuenta. Y entonces se está cada día a la espera del absolutismo de una noticia que hace que mil voces suenen como una y expresen la obsesiva incapacidad de narrar una realidad por afuera de la manada. El que cuenta y el que es contado son igualmente vulnerables y vulnerados. Somos instigados a copiar la mirada mediática que unifica a su gusto. Si las artes copiaran a los medios todos leeríamos el mismo libro, escucharíamos la misma música, bailaríamos la misma danza y veríamos el mismo cuadro. Por suerte no. El arte todavía se resiste.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 3 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.