lunes, 11 de mayo de 2009

En las listas de candidatos estamos nosotros- Orlando Barone

Ya está. Estos candidatos son todos los que son y los que están para elegir. El ejercicio de la política en democracia no es otra cosa que la representación del promedio colectivo. No hay nada para quitar ni para agregar. Frívolos o profundos ahí están y ahí estamos. Están los candidatos que se oponen y los candidatos que apoyan al gobierno. También están los ciudadanos que se excluyen porque no les importa.
Y seguramente han quedado fuera de las listas algunos candidatos de mayor idoneidad que quienes les ganaron el lugar. ¿ Y qué? Nada que no confirme lo que pasa en todas las cuestiones de la vida. No hay candidatos unánimes, absolutos: los hay unos con más y otros con menos votos. Si Dios se presentara a elecciones también tendría opositores. Por eso ningún candidato puede atraer a todos y ninguno puede ser rechazado por todos. Porque hasta el aspirante en apariencia más execrable recibe algún voto de quienes no lo consideran execrable. Y en este juego de la democracia bastaría un solo voto para justificarlo. Por eso en las listas hay sapos que para unos son medusas y hay cóndores que para otros son alimañas. De lo que se trata ahora es de cómo los diferentes partidos y alianzas que se postulan a legislar terminan de encantar o desencantar a la sociedad de la cual son parte. El voto no es aséptico sino que viene manchado, como cada uno de nosotros.
Manchado de pasado - pasado o de pasado reciente, de anclajes y utopías. A veces manchado de “nada” , porque la nada mancha todavía más que equivocarse . Manchados como estamos todos, cada uno cree que las peores son las manchas del otro. Estos son los candidatos que moverán entusiasmos o aumentarán desganos. Ninguno de los que será elegido será para tanto. A solas ninguno tiene el poder de hacernos más eternamente felices ni más eternamente desgraciados. Es el conjunto el que garantiza o define el resultado. Y además, en esta elección no se juega aquella letal convertibilidad del todo o nada , ni la amenaza de los acreedores internacionales. No se juega la persecución política, ni la censura ni la libertad de prensa, ni una suprema corte subordinada. Ni la persecución a ninguna minoría. Tampoco se juega condenar a la hambruna a los pequeñísimos productores de soja cara, o votar por la flexibilización laboral o rebajar las jubilaciones. No se juega a ver quien corre más rápido a ver si se salva primero. Hoy se entra a los bancos caminando y charlando con el vecino de la fila. Eso es lo raro. Lo democráticamente seguros que vamos a votar. A pesar del griterío mediático, que es parte del espectáculo y no asusta a nadie de tanto repetirse. El voto que viene es un voto país, no un voto colapso. Sería un progreso cívico que no venga manchado de olvido.


Carta abierta leída el 11 de Mayo en Radio del Plata.

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