lunes, 23 de marzo de 2009

El voto bala


Tuvimos el voto licuadora y el voto aburrido. Y vamos a tener el “voto bala”. Un aire de época discepoliana que nunca se acaba, nos condena a estos espasmos jurásicos. Susana Giménez tuvo razón cuando creía que los dinosaurios todavía estaban vivos. Sí, porque para ella y para muchos como ella, también están vivos los linchamientos, las razzias, los justicieros y los militares. Y si no están vivos, aspiran a resucitarlos. Darwin, que descubrió la evolución de las especies, cometió el error de no incluir el “involucionismo” político argentino. El “voto bala” va a ser la prueba. Aunque venga bendecido ecuménicamente: tiene un aire vip y opositor que huele a pólvora desde lejos. Merodea por ahí una nostalgia injurioso de aquel aluvión zoológico que aterró a los finos porteños hace más de medio siglo. Pero al menos el aluvión venía solo con sudor, no con “paco” y con fierros como ahora. Lo que hoy se usa son las ganas que se tiene de tener miedo. Unas ganas de miedo con venganza y sed de salir en la tele aunque sea muerto. Miedo de pertenencia y calificado. Deseado y excitado por especialistas de mercado, para así poder justificar la reacción letal colectiva. Las palabras no matan pero instigan. Se trate del miedo de las divas que cuando salen de sus cápsulas de siliconas se asustan solo de ver el mundo que olvidaron desde que usan limousine y vidrios polarizados.
Y que para poder darse el gusto de ver a un pobre de cerca, tienen que viajar a la India porque allá los pobres piden limosna con turbante y en posición de yoga, y les resultan exóticos. El “voto bala” como su nombre lo indica es duro. A su dureza no la amansan ni la Torá ni el catecismo ni el compromiso ético.
Viene cargado de pomposas ideas de republicanicismo; y de tradición, familia y propiedad; y de derechos humanos inhumanos porque no protegen a los humanos sino a los asesinos. El problema argentino no es la anticipación de la elección sino el padrón de votantes. Hay demasiados y la mayoría injustificados, por más DNI que tengan. El padrón es demasiado benévolo. Vota gente que no se corresponde con el perfil “va a estar bueno” porque son malos. No es justo que un vecino de La Horqueta valga igual que uno del basural a cielo abierto. Ni que un atorrante piquetero igual a un jugador de polo casado con una modelo casi nórdica. Ese es el absurdo democrático. El que inventó la democracia estaba loco. Se abusó de ella y permitió el voto indiscriminado. Einstein en la misma mesa que un burro. Pero por algo se empieza: el voto bala es solo el anticipo. Después –si Dios y el Mesías lo quieren- vendrá el escalafón por jerarquía como tienen las abejas. Están la reina, las obreras, el zángano. No va a ser ir para adelante sino todo para atrás, como nos gusta a los que somos de familia. Nada de ojo por ojo: el nuestro no. Únicamente los ojos de ellos; los ojos y los dientes, y el pene. Todo amputado.
Aunque hay que tener cuidado: el voto bala- Susanas y Susanos- tiene consecuencias. Porque la bala disparada ya no vuelve.



Carta abierta leída en Radio del Plata el 19 de Marzo.

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