Hace dos días que no puedo sentarme a escribir por una dolorosa contracción muscular. No obstante hoy viernes cumpliré con mis compromisos, menos con el texto. Retomaré el lunes la carta.
Cada tanto Milena me empuja a leer los comentarios. Cuando lo hago no me salteo ni los más inapropiados, más absurdos, más ramplones o más repugnantes. Despiertan mi natural curiosidad por la condición humana, que no tiene límites, sobre todo en el anónimo y en la gratuidad. Cualquiera que se expresa como un canalla, como un mentiroso o un violento no sale ileso de esa experiencia por más que se esconda. Lo saben las religiones, la filosofía y Freud. Nadie puede escaparse de si mismo. Siempre trato de imaginar cómo será para un canalla convivir consigo mismo sin sentirse repugnante. Aparte de ese detalle que no me concierne, me gratifican los beneficios de ese surtido que se manifiesta y que entrelaza sus culturas y sus clases sociales. Agradezco los elogios. Y las observaciones que se ramifican entre los bloggers. Y cada día, de modo simplista y doméstico me pregunto si hay alguien humano capaz de armonizar todo este desarmonizado caos de caracteres, estados de ánimo, intenciones o intereses. Sé que Dios ni ningún otro ser superior ha sido capaz de hacerlo. Por eso somos su inestable resultado. Y no creo logre mejorarlo ningún gobernante. Por eso es estúpido seguir gritando ¡Que se vayan todos! Porque no quedaría (mos) nadie.
Orlando Barone.
viernes, 4 de septiembre de 2009
miércoles, 2 de septiembre de 2009
La Ley imperdonable
Cada uno tiene su propio seleccionado de fútbol. Y cada uno tiene su propia ley de radiodifusión. Y quien de pronto no tiene su propia ley de radiodifusión no es argentino. Ahora sobran especialistas: que hay que agregarle una coma o un punto; que hay que incluir este inciso o este guión o este paréntesis. O un pero, un por qué, una advertencia, o una duda. Un prefacio, un colofón o una excusa. O una enmienda, un remiendo, un retoque, un reparo, un recorte. La cuestión es que la ley demore una sobada y otra. Que el tiempo se dilate como un reloj de arena con el orificio de drenaje tapado. Que de tanta retórica y dialéctica se haga tal embrollo que los embrolladores salgan ganando. Al proyecto oficial ya lidiado, aforado, estudiado y presentado no quieren leerlo sino sospecharlo y palparlo de explosivos. Hay que alargar su discusión con prevenciones y sermones. A la ley de radiodifusión hay que llamarle ley de control de medios, ley K, ley chavista, ley para limitar a la prensa, ley para clausurar la libertad de prensa, ley para terminar con la poca libertad que queda. Ley que les va a cerrar la boca a los periodistas puros para abrírselas a los impuros.
Hasta hay sectores de la iglesia que con tal de oponerse a la Ley abandonan su comunicación celestial y divina. Cuando cualquiera enarbola hoy su propia ley de radiodifusión me desaliento. No cuando apoya o rechaza porque se le da la gana.
Ya que eso vale. Porque la intención primaria es más sincera que la presunción de tener un pensamiento. Sea cautivo, amarrado o medroso para no perder el escenario.
Pero tiemblo cuando algunos se convierten en súbitos expertos en mass media, información, monopolio, oligopolio. Papel que exige conocimientos y contexto. Si ya cuesta saber qué es el éter o el sistema digital, o las frecuencias, las ondas satelitales y el sistema de banda ancha. Y sin embargo algunos ya plantean su propia ley y así pretenden instalar su porcioncita privada porque tienen aversión al colectivo. Ah, si no diseño mi Ley propia voy a coincidir con la masa. O con el oficialismo atroz. La obsesión es buscarle la pelusa al tejido. Los mismos que hace un ratito eran expertos en pobreza y salían a predicar chapucerías porque no estaban en la responsabilidad de tener que cumplirlas y les salían gratis, ahora son expertos en este ardua y compleja ciencia del negocio de la información, y el de su apropiación o reparto equitativo. También cualquiera que jugó a la pelota en un picado, le quiere armar a Maradona su propio seleccionado de fútbol. Una fantasía infantil no se le niega a nadie.
Dios nos salve de los expertos interesados. Pero más de los ignorantes con presencia mediática aliada. Porque estos son los más atrevidos. Simulan suspicacias científicas con ínfulas libertarias, pero se niegan al cambio porque así como está se sienten en su salsa. Esta es la Ley imperdonable.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 2 de Septiembre de 2009 en Radio del Plata.
Hasta hay sectores de la iglesia que con tal de oponerse a la Ley abandonan su comunicación celestial y divina. Cuando cualquiera enarbola hoy su propia ley de radiodifusión me desaliento. No cuando apoya o rechaza porque se le da la gana.
Ya que eso vale. Porque la intención primaria es más sincera que la presunción de tener un pensamiento. Sea cautivo, amarrado o medroso para no perder el escenario.
Pero tiemblo cuando algunos se convierten en súbitos expertos en mass media, información, monopolio, oligopolio. Papel que exige conocimientos y contexto. Si ya cuesta saber qué es el éter o el sistema digital, o las frecuencias, las ondas satelitales y el sistema de banda ancha. Y sin embargo algunos ya plantean su propia ley y así pretenden instalar su porcioncita privada porque tienen aversión al colectivo. Ah, si no diseño mi Ley propia voy a coincidir con la masa. O con el oficialismo atroz. La obsesión es buscarle la pelusa al tejido. Los mismos que hace un ratito eran expertos en pobreza y salían a predicar chapucerías porque no estaban en la responsabilidad de tener que cumplirlas y les salían gratis, ahora son expertos en este ardua y compleja ciencia del negocio de la información, y el de su apropiación o reparto equitativo. También cualquiera que jugó a la pelota en un picado, le quiere armar a Maradona su propio seleccionado de fútbol. Una fantasía infantil no se le niega a nadie.
Dios nos salve de los expertos interesados. Pero más de los ignorantes con presencia mediática aliada. Porque estos son los más atrevidos. Simulan suspicacias científicas con ínfulas libertarias, pero se niegan al cambio porque así como está se sienten en su salsa. Esta es la Ley imperdonable.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 2 de Septiembre de 2009 en Radio del Plata.
martes, 1 de septiembre de 2009
El suicida, el felpudo y el “pataconero”
Nadie sabe en qué momento, en qué instante, en qué unión de coordenadas de tiempo y espacio nace la idea de demonizar abruptamente a un gobernante. Ni desde qué madriguera se decide. Distinto sería el escándalo si el demonizado es descubierto en alguna trampa o delito de tipo Berlusconi, contrabando de armas, cuenta numerada en Suiza o coimas en el Senado. Porque ahí sí, la demonización el gobernante se la produce a sí mismo y no hace falta la creatividad maligna de nadie. Pero ¿Por qué es ahora el gobernador Scioli el nuevo demonizado público?. Que se sepa no ha hecho nada que no esté en la peculiar línea de su mandato y de sus gestos. Y cada cual se atiene o desecha sus dones y sus males. Sin embargo se han echado a rodar rumores acerca de que con las arcas fundidas la Provincia estaría a punto de emitir “patacones”. No luce honesto legitimar un rumor sin verificar la intención y el origen, y menos propagarlo aún cuando técnica y oficialmente se lo desmienta. La alarma del default siempre tiene oídos atentos, más que un buen augurio. También Eduardo Buzzi, desde una parada del lockout y haciendo señas cada vez a menos público sojero, califica a Scioli como “Felpudo” de Néstor Kirchner. Y para no ser menos, y en oportuna consonancia, Margarita Stolbitzer lo acusa “de estar atado de manera suicida al matrimonio Kirchner”. En este último caso no se entendería por qué si Scioli quiere suicidarse Stolbitzer procura detenerlo , si lo que le conviene a ella es que el aspirante consiga su objetivo. Además no sería menos suicida si en lugar de atado al matrimonio eligiera ser atado a los sojeros. Precisamente éstos le harán el viernes una marcha en contra. Nadie podría asegurar nada, tampoco las patrañas. Pero esta es la etapa en que la demonización le toca a Scioli. Es la más flamante y estratégica: la Provincia es la madre de todas las victorias y a la vez la cruz de todas las derrotas. ¿Qué mejor táctica que meter cizaña y trascendidos en la relación entre la presidencia y la gobernación de Buenos Aires? En la crónica de Clarín del domingo el editorialista político se aventura en anunciar que Kirchner intenta desplazar a Scioli. Y desde La Nación su par editorialista se afana en el mismo sentido. Es como si ambos anunciantes degustaran de la misma sopa. Y hay quienes sospechan que esa sopa la prepara un ex ministro top de apellido masivo, ya lanzado a la cocina mediática gourmet. Sigan la tendencia y van a ver cómo se suceden las especulaciones acerca de traiciones y deslealtades entre Scioli y el oficialismo. La verdad importa menos que la suspicacia que luzca verosímil. Van a decir que en un ataque de ira bipolar la reina Cristina le arrojó un cenicero de oro con incrustaciones de diamantes, o que cuando Scioli estira la mano para dársela, la presidenta amaga darle la contraria: la que Scioli no ejerce. No hay infierno sin demonio y no hay madriguera sin hienas.
Al menos una nueva ley de radiodifusión, aunque no acabe con los predadores, no les dejará como hasta ahora toda la geografía para ellos.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 1 de Septiembre de 2009 en Radio del Plata.
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