miércoles, 9 de septiembre de 2009

Preguntas a nosotros, a solas.

Preguntémonos qué pensamos o sentimos acerca de la nueva ley de radiodifusión. Tengamos nuestro propio soliloquio. Y si no nos interesa ni nos importa, resignémonos a que no nos importe y apiadémonos de nosotros. Meter la cabeza en un pozo también es una forma de estar en el mundo. O de no estar. Pero si el tema de la ley nos importa, o nos despierta alguna curiosidad, preguntémonos: ¿Alguna vez se nos ocurrió que no estábamos informados correctamente? ¿Alguna vez salimos a manifestar a la calle para que los grandes medios se lamentaran de su sometimiento o apoyo a las dictaduras? ¿Sabemos por qué indultamos a los medios y seguimos consumiéndolos borrando sus culpas? ¿Sospechamos que hay manipulación de las noticias? ¿O confiamos a pie juntillas en todo cuanto se informa? ¿Creemos poder defendernos del engaño gracias a nuestra sagacidad para descubrir donde está el gato encerrado? ¿Sospechamos que es el gobierno el que informa mentirosamente? ¿O que son los medios los que más mienten? ¿ O estamos convencidos que los más mentirosos son los periodistas? ¿Y si alguno dice la verdad? ¿Sabemos quién es el que la dice? ¿Creemos que nos basta con saber elegir las lecturas y las voces que sentimos honestas y verosímiles? ¿Tenemos la esperanza de que una nueva ley mejorará la calidad de la información que consumimos? ¿ O creemos que la nueva Ley busca dominarnos y amordarzarnos?
¿Cuántos periodistas fueron torturados y encarcelados por el actual Gobierno? ¿Podríamos nombrarlos y contarlos? ¿Cuántos medios opositores fueron clausurados? ¿Por qué si la nueva Ley nacerá democrática y la anterior es probadamente autocrática, hay quienes denuncian que la nueva ley es una amenaza de totalitarismo? ¿Nos resulta leal este razonamiento? ¿Pensamos que hay intereses económicos que se sentirán damnificados si la ley se aprueba? ¿O que cambiarán solamente los nombres de los nuevos propietarios de los medios? ¿La idea de que haya más diversificación de fuentes y de mensajes, más pluralidad, más inclusión de emisores modestos, y de organizaciones educativas o sin fines de lucro y no exclusivamente inversores poderosos y concentrados participando de la información, no justifica el cambio? ¿Queremos cambiar? ¿O tenemos miedo a la libertad porque creemos que la libertad nos desafía a elegir y a no estar cautivos o limitados a una oferta ya conocida y que nos es cómoda? ¿Por qué los líderes de los más grandes grupos opositores se oponen? ¿Son más democráticos que quienes tienen la iniciativa democrática de impulsar la nueva ley? ¿Qué nos sale más sincero y espontáneo el si o el no? ¿Qué nos importa más? ¿que ganemos una ley para beneficio ciudadano aunque sea durante este gobierno, o que perdamos la ley con tal de que el gobierno pierda?
¿Somos como esos delfines de acuario que cuando son liberados mar adentro en vez de echarse a nadar vuelven dócilmente al cautiverio? ¿O somos delfines que sabemos entender la diferencia entre el mar y el acuario?


Carta abierta leída el 9 de Septiembre por Orlando Barone en Radio del Plata.

martes, 8 de septiembre de 2009

El espectáculo de ayer ya no sirve

La continuidad de las protestas de los sectores del agro plantean un desafío a la creatividad. Cómo evitar la monotonía de los piquetes al borde de las rutas, a veces con bloqueos, otras con marchas pero siempre con los mismos lamentos. Fundados e infundados, ciertos e inciertos. Cómo evitar la distracción y el aburrimiento de la sociedad cada día atraída por otros estímulos, sean huelgas, piquetes o protestas, algunas realmente disparadas por la pobreza verdadera. Las imágenes de los ruralistas se reiteran. El repetido vestuario de boina plato y de bombachas y botas y algún caballo por ahí tipo escenografía, van dejando de inspirar a los reporteros y camarógrafos. Es cierto que también dejaron de inspirar las cubiertas en llamas o las capuchas de otras manifestaciones. Además el entusiasta público “cacerolero” que acompañó las consignas del campo parece haber ido desertando. Es un público de ciudad y de departamentos, sensible a las modas y a los estímulos repentinos, siempre al acecho de inauguraciones y tendencias. La actualidad se nutre de novedades; el mercado mediático refracta lo previsible y se exige excitaciones inéditas. Ni con la ayuda de Marta Minujin y un obelisco de soja con chanchos chinos en la base, el espectáculo podría llegar a ser lo que era. Los tractores y máquinas cosechadoras que fueron novedad para el ojo urbano ya no sorprenden; tampoco asombran los discursos de tono campestre. Ni ya resultan las tonadas chacareras que remiten a la poesía gauchesca o a la evocación de lecciones escolares metidas hasta acá en las cabecitas tiernas durante el reinado del granero del mundo. Los líderes de la mesa de enlace si no producen desenlace -y no lo producen porque viven de atrasadas ilusiones- se van desvaneciendo. Un año y medio de sojeros, tamberos y ganaderos en permanente desfile por pantallas y micrófonos, si no incluyen algún ingrediente original y creativo no pueden seguir compitiendo en el mercado de tensiones argentino. ¡Ah, otra vez los del campo! ¿Y ahora qué quieren? Las famosas retenciones vienen con la sospecha de que no impiden la riqueza. Difícil encrucijada creativa para el Campo. No sé qué recomendarles. Si donar una suma multimillonaria a cada provincia donde cosechan o firmar un testimonio donde digan que garantizan por un siglo el bienestar del ecosistema. O si poner en blanco a todos los trabajadores en negro y pagarles los estudios a los hijos de estos; o si contar otra vez las vacas y en vez de 40 millones contar bien y descubrir que hay casi el doble. Que ahora las protestas se hagan semanalmente no parece cambiar la rutina. Hasta el cambio de gobierno en 2011 faltan unas cien semanas. Para el mismo programa es demasiado tiempo. Por más dura que sea, no hay cara de queja que resista. Y no hay público que no se aburra.



Carta abierta leída por Orlando Barone el 8 de Septiembe de 2009 en Radio del Plata.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Maradó ya no es Dios

Supongamos que fue cierto que en sus tiempos de jugador Maradona haya sido Dios. Supongamos que esa deificación haya sido metafórica pero fundada. Supongamos que en niveles de comparación con los privilegiados dioses o ángeles que componen La Biblia del fútbol él haya sido el más Dios, superando a Distéfano y Pelé, y todavía más a Cruijff, Beckenbauer o Bobby Charlton , etc. Supongamos que la prueba de sus varias resurrecciones biológicas extendieron su deificación hasta cuando ya había colgado los botines. Supongamos que aún a pesar de que el género fútbol logra tal fanatismo y sinrazón que evoluciona hacia el reino animal con entusiasmo, finalmente “Maradó Dios” ha sido acercado a la corteza terrestre. Y que ya reubicado en este estado terrícola es el responsable del destino del seleccionado del fútbol argentino. Entonces ¿ Perder no es una de las chances de toda apuesta humana? ¿Brasil no es el mejor o uno de los mejores equipos del mundo? ¿No se sabe de antemano que si un equipo quiere jugar bien el otro trata de impedírselo y viceversa, y a veces uno logra su objetivo y gana? “Maradó” terrícola no pudo y sus jugadores de este planeta tampoco. No pudieron -y ese es su infortunio- producir ese cambio de humor que la sociedad les estaba exigiendo. O implorando. Supongamos que hubieran ganado. Que hubiéramos ganado. Supongamos la catarsis de entusiasmo y amor y pasión. La idolatría, el triunfalismo, y la Argentina unida fraternalmente. Como si de pronto una magia extraordinaria amansara en sus residentes sus maníacas quejas y rabietas. Y los eximiera de sus insatisfacciones desproporcionadas.
Sí, desproporcionadas: cuando más se tiene más se reclama. Porque hasta las exigencias están concentradas, como la riqueza, en un sector que no predica la comprensión contextual sino solo lo que pasa en su propia cancha. Supongamos que la selección perdió porque perdió. Supongamos que aunque hubiera ganado, la Argentina todavía no habría ganado. Hay muchas más cosas en juego que una pelota. Y si la pelota es la metáfora de la Argentina actual estaríamos fritos. Pero por más que el fútbol en su climax irracional, en su momento culminante nos empuje más hacia el primate que hacia el sapiens, deja siempre neuronas intocadas que vuelven a reproducirse. Hubiera sido más lindo que se ganara en la cancha de fútbol. Pero el partido de ideas está ahí, continúa. Y los argentinos forman varios equipos disputándose una forma de vida. Es natural que en todo campeonato haya pasiones y fricciones. Lo que no es natural es que haya argentinos con espuma en la boca o con tapones con púas. Maradó es humano. Todos nosotros también.
Supongamos que hoy estuviésemos felices saltando cada uno en su casa y su trabajo, y todavía con el televisor encendido por si se siguen pasando las imágenes del hipotético triunfo. Pero no. Hay que hacerse cargo de la mufa. No nace sola. La mufa es un compendio de ilusiones mal puestas y peor destinadas. La selección puede desquitarse. Pero la Argentina, la de nosotros los argentinos de ahora, no sé. Somos adictos a la mufa. En el partido grande ibamos ganando y parecíamos felices. Y armamos un “cabaret” por nostalgia y abstinencia de mufa. Salvarse no es como antes: ya no depende del fútbol. Ni el responsable es Maradó.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 7 de Septiembre de 2009 en Radio del Plata.