
El riesgo país promedia los seiscientos puntos y está paulatinamente en descenso. El significado es óptimo en relación a los capitales y a la confianza de estos en el mercado. La Argentina de hace diez años llegó a disparar su riesgo país a más de seis mil puntos. Diez veces más que ahora. Los medios difundían la noticia como con goce y los ciudadanos con patacones o con tickets canasta se sobresaltaban aterrados a medida que el riesgo subía como un afiebrado sin límite. Todavía me parece oír a través de las noticias el anuncio del aumento del riesgo; cuando más inflamada era la voz que lo anunciaba más alto subía el riesgo; medición macroeconómica impuesta por el juego del mercado que no necesariamente promueve la equitativa distribución de la riqueza. Ese es otro proceso que depende de la política. En todo el mundo se demandan inversiones: se rinde culto al capital. Y en cada lugar el capital recibe un distinto tratamiento: depende de que su soporte sea socialista, intervencionista, regulador, de libre mercado o de libre albedrío. Es en el libre albedrío donde el capital más retoza. Pero no es ahí donde más gana. Porque el capital donde más gana es en el tumulto. Por eso en su propia naturaleza lleva la idea de que eso suceda: cuanto más despelote en una sociedad más probabilidades de rapiña. En la Argentina hay memoria por eso se sospecha de esas fantasías infundadas y sin fondo, porque alguien por detrás las instiga. El capital nació para querer ganar y ante la mínima advertencia de perder huye y se guarece. Para no abundar en disquisiciones Karl Marx fue quien lo definió de esta manera: “el capital experimenta horror por la ausencia de ganancia, como la naturaleza por el vacío, dice. Pero si la ganancia es adecuada el capital se vuelve audaz; si es el 20 % el capital se vuelve impulsivo; si es el 50% por ciento se vuelve temerario; si es el cien por ciento de ganancia pisoteará todas las leyes humanas; y si la ganancia es el 300% no hay crimen por cometer que lo arredre aunque corra el riesgo de que lo ahorquen. Y como la turbulencia y la refriega producen ganancias, el capital alentará más refriega y turbulencia”. Lo escribió Marx hace un siglo y medio. Está ahí la respuesta de por qué si los sojeros ganan cada vez más quieren pisotear todas las leyes y ganar más, en lugar de quedarse satisfechos. Y si consiguen un revoltijo mejor todavía. Por eso, que el riesgo país esté en descenso en la Argentina si no es para descorchar, al menos es para tranquilizarse. Recordemos que aquí reptan y acechan capitales nostálgicos del default y del que se vayan todos. Es la ideología del desbande. Porque allí aplican su canibalismo.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 10 de Agosto de 2010 en Radio del Plata.