jueves, 30 de septiembre de 2010

La sedición no es un pañuelo blanco


No es la diplomacia la cualidad de Hebe de Bonafini; así como en Estela de Carlotto su cualidad es la templanza. Ahora un camarista de San Isidro se inflama de pasiones patrióticas y de fe democrática y sintiéndose alarmado por la verba inflamada de Eve de Bonafini exige se la juzgue por sedición. Está bien: doña Eve no es especialista en susurros y persuasiones y su estilo no pasa por la mesura ni el tacto. Pero hace más de tres décadas que usa como arma un pañuelo blanco y no hay vestigios de que haya usado o use la violencia. Cabría preguntarse por qué su acusador- y tantos acusadores republicanistas y morales- no usaron el mismo criterio purista cuando hace dos años en un programa de televisión Mariano Grondona y Luis Biolcatti sugirieron con malicioso y desenfadado golpismo dialéctico la interrupción del mandato de la presidenta. Tampoco se sabe si su señoría estaba durmiendo o distraído o disfrutando de su sueldo libre de impuesto a las ganancias, cuando Cecilia de Pando amenazó con el degüello a un tribunal que juzgaba a represores, o cuando una interferencia al helicóptero presidencial hizo resonar la amenaza: “Maten a esa yegua”. Estilo que se reproducía en las manifestaciones ruralistas de 2008. Cualquiera se acuerda de la amplia difusión que tuvo una dama paquetona y sojera cuando desde su cuatro por cuatro gritaba para la televisión de Magnetto y para los cuatro vientos: “ maten a esa puta yegua montonera”. Hay más ejemplos de presuntas sediciones retóricas más amenazantes que las de Bonafini. Y más poderosas: no bien asumía Kirchner la presidencia el entonces director de La Nación Claudio Escribano le advirtió en una carta que si no cumplía con las medidas que allí se le recomendaban, su mandato iba a ser efímero. Quienes acusan a Bonafini por su mensaje exaltado de la marcha del miércoles en Tribunales, no deben considerar las veces que Elisa Carrió comparó a Néstor Kirchner y a Cristina con el matrimonio Ceaucescu, ejecutados en la horca. O cuando la misma Carrió se relamía diciendo que la gente en la calle le decía “los queremos matar” refiriéndose a los Kirchner. También podría recordar las tantas amenazas de Alfredo De Angelis y Eduardo Buzzi en la época en que montados en tractores le advertían al Gobierno sobre inminentes “derramamientos de sangre”. O les gritaban a los representantes de las provincias que tuvieran cuidado en sus bancas o ellos “les iban a enseñar a legislar y a su regreso a sus pueblos los iban a escrachar a sus casas”. Sedición significa también sublevación de las pasiones. Incluso algunos jueces necesitarían enfriarlas. Y así sensatamente usar sus cargos a favor de la Justicia.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 30 de Septiembre de 2010 en Radio del Plata.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El mordisco de una madre


Hay miles de historias de las víctimas del terrorismo de Estado. Día tras día surge alguna sea a través del desenterramiento de restos oscuramente olvidados y ahora devueltos a su identidad por antropólogos, sea a través de un relato conmovedor de un hijo de desaparecidos que recupera con dolor su código genético y su árbol genealógico. Las madres y Abuelas no han cesado su lucha ni su búsqueda. Y no hay genocida viejo ni enfermo ni lastimero que no sienta sobre si la inminencia del tribunal o la condena. El otro día Pedro Sandoval-uno de los más de cien nietos recobrados- contó públicamente a la sociedad cuánto le costó liberarse de la atadura de sus apropiadores a quienes hasta ayudaba a falsear las pruebas de sus prendas personales para que la Justicia no pudiera obtener el ADN. Recién hace poco puede decirse y decir que él fue un “bebé robado”. Robado. Verbo brutalmente exacto y más justo y menos jurídico que decir apropiado. Me acaba de llegar un mensaje de Oscar Fernández Real, periodista jubilado de largo ejercicio en grandes medios. Es escritor y en su juventud ha recorrido el país intensamente, tanto como ha navegado por sus mares y ríos. Cada tanto nos reencontramos. El mensaje de Fernández Real cuenta lo siguiente: “Querido Orlando: Uno a veces escucha de manera fría algunos relatos sobre situaciones espantosas. Pero la realidad te hace estremecer. El otro día mi hijo Martín pasó por mi casa con un amigo de su edad, un gordito de melena larga que le cubría hasta las orejas. Esto tiene su importancia, porque luego mi hijo me preguntó si había anotado que le faltaba el lóbulo inferior de una de ellas. Y me contó que este muchacho había nacido en la ESMA y que su madre, ante la posibilidad de que se lo arrebataran, le dio un mordisco en su orejita, para poder identificarlo algún día. Ella y el marido luego fueron desaparecidos. Pero el bebé fue a parar a la Casa Cuna, y de allí tiempo después lo recuperaron sus abuelos que lo andaban buscando. Ellos sabían del mordisco en la oreja; de aquel lóbulo ausente y de aquel desesperado acto de su joven madre. Y gracias eso identificaron a su nieto. El caso de este chico fue uno de los primeros reconocidos y hasta Magdalena Ruiz Guiñazú hace tiempo le hizo un reportaje frente a la ESMA. Yo lo conocía solo como a un amigo más de mis hijos; me daba curiosidad su manera de esconder las orejas tan obsesivamente. Pero ahora al saber su historia (que él no me la contó) quedé fuertemente emocionado”. Releí varias veces el mensaje de Fernández Real. Y quiero que se conozca. Esta es una carta sobre otra carta. Es tan prudente en el lenguaje que puso mordisco en lugar de mordedura que suena más cruel. Gracias colega por contarnos acerca de este gesto desesperado ocurrido hace más de tres décadas en las mazmorras. Es la pequeña historia de una madre lastimando la oreja de su hijo, para salvarlo de no ser.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 29 de Septiembre de 2010 en Radio del Plata.

lunes, 27 de septiembre de 2010

El deseo

Luis Buñuel decía, y su cine lo demostraba, que no había deseos inocentes. Tenía razón: entre nosotros sobran los deseadores de esa clase. Uno de peso es el editor Jorge Fontevechia que está haciendo méritos para probar que todo deseo estancado es un veneno. Escribió como si nada que Kirchner “cuanto más éxito tenga en disimular su enfermedad más se enfermará”. Mariano Grondona se inquieta porque aún no se creó el “antídoto” para acabar con los Kirchner. Toda pulsión tóxica expresa sus deseos a través de los medios o de sus representantes políticos. Se los ve, escucha y lee. O intuye ahí agazapados. Entre esos deseos están los siguientes: que se descubra que Lidia Papaleo ha recibido millones de dólares para estar contra Clarín y la Nación; que el canciller Timerman sea cómplice de su padre en el hipotético gansgterismo de robo de acciones de los Graiver; que se imponga la Intervención Federal a la provincia de Santa Cruz y se revele su saqueo; y que se encuentren los cientos de millones de las regalías petroleras en un atache Vuitton bajo el parqué del antiguo despacho de Kirchner. Aquí les doy un deseo tan previsible que da pudor incluirlo: que el Gobernador Scioli se de vuelta y pase a ser opositor y candidato a presidente y que lo anuncie junto a Karina y junto a Duhalde y Chiche en San Vicente. Más fresco está el deseo de que Hugo Yasky sea culpable de fraude en las elecciones gremiales de la CTA y que su aliado en el fraude sea Moyano. Y que si el que gana es Miceli- la lista ligada a Proyecto Sur- releerá como un golpe duro para el Gobierno. Ah, y está el pequeño deseo de que la hija de los Kirchner que estudia en Nueva York sea denunciada por sus vecinos de Manhattan por causar ruidos molestos a la noche. Y están los deseos internacionales: el de que una vez que los chilenos consigan salvar con éxito a los que sobrevivieron enterrados, aquí en una mina exterminadora de Cuyo un minero de pueblo originario se quede apretado por una roca chiquita y no haya tecnología que lo salve. Hay argentinos que desean que la hiperinflación colapse al país; y de que cuando se enciendan todos los aire acondicionados, justo se sequen las represas hidroeléctricas y haya un apagón catastrófico y la única casa con luz sea la de De Vido. Para no hablar del deseo de que las Abuelas de Plaza de Mayo no solo no ganen el premio Nobel sino que tampoco nunca lo ganen Las Madres. Hay un deseo subrepticio: que las familias de victimas de delitos emigren en masa al exterior y que otra vez vuelva a haber colas en los consulados para irse. Y también el deseo de que una de las parejas de matrimonio igualitario cometa alguna perversión en la crianza de un hijo y salga Bergoglio a decir que él auguró que el casamiento homosexual era peligroso. O el deseo de que un matón K con remera con logotipo K le pegue un pellizco en las nalgas a un periodista delicado, y la SIP pida la intervención de la ONU. Por buen gusto no incluimos deseos que involucren a la presidenta bipolar ni al ex presidente de la angioplastia. Esta es una lucha entre deseos no inocentes. Pero los que desean bien son muchos. Y últimamente aumentan de número más que los que tienen deseos indeseables.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 27 de Septiembre de 2010 en Radio del Plata.