
El próximo derrame de cables secretos del Imperio se ocuparía, dicen, del rubro Wall Street. En tren de anticipar nuevas categorías de deschave político y económico se avisoran informes acerca de cuestiones tan graves como la forma en que las monarquías derrochan el presupuesto que les otorgan sus Estados, y cómo sus integrantes la pasan bomba mientras sus súbditos patalean en las colas del desempleo; también WikiLeaks podría contratar a Rial, Ventura y otros expertos argentinos en infundios banales para descubrir nuevos encuentros ovales, nuevas fiestas mediterráneas y nuevas esclavas orientales de motu proprio. Un rubro aparte, escandaloso, sería dar a conocer los prejuicios raciales de los gobiernos de blancos contra los gobiernos de negros, de estos contra los blancos, de los pueblos aborígenes contra los que no lo son o contra aborígenes de menor clase aborigen; de los nipones contra los chinos, de los malayos contra los tibetanos, de los gays contra los heterosexuales, de estos contra los bisexuales y los andróginos y los hermafroditas; de los travestidos contra los transexuales y de los judíos ortodoxos contra los judíos ecuménicos, y de los monaguillos virginales contra los cardenales desatados. Y los prejuicios de los progresistas populares contra los progresistas que no son progresistas como aquellos, y de estos a su vez contra los progresistas de boutique, contra los de paladar negro y contra los progresistas del establishment, que se quejan de que los progresistas populares les roban los argumentos progresistas por menos plata y hasta gratis, y así echan a perder la prosperidad del progresismo. WikiLeaks a canilla libre revelaría todos los diagnósticos de los psicoanalizados, y qué cosas piensan acerca de ellos sus psicoanalistas, y también todas las confesiones de los pecadores en los confesionarios y qué hacen en tanto los confesantes de sotana dentro de los habitáculos del confesionario, mientras los pecadores cuentan sus pecados carnales. Al cabo de tanto derrame de secretos, la humanidad ya no tendría nada más oculto en ninguna parte y todo sería revelado y si ahora hay más de 200 mil informes escogidos y archivados, para entonces habría cientos de millones y toda la humanidad se la pasaría día y noche atareada en comunicarlos y harían falta nuevas humanidades para satisfacer la demanda en continuado y WikiLeaks sería inofensiva y si hoy el Imperio causa alguna gracia, en ese futuro ya nos haría cagar de risa. Ya convertidos en adictos, y para seguir entreteniéndonos, se descubriría que el dueño de WikiLeaks es socio de Bernard Madoff y de Bin Laden. Y que Magnetto es accionista junto con Pedraza. Y la única que se da cuenta de todo es Elisa Carrió y nadie le cree. Ni siquiera los de TN. Y entonces se va a un retiro espiritual en el Himalaya, con los dos últimos integrantes de la Colisión Incívica que le quedan.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 2 de Diciembre de 2010 en Radio del Plata.