miércoles, 30 de junio de 2010

Signos para una postal política

La violencia desorbitada ejercida por las fuerzas del Gobierno de la Ciudad para desalojo de puesteros en Liniers; los huevos que le arrojaron al ex presidente Duhalde al salir del programa de Mirta Legrand en el cual había pronosticado clima social de riesgo; el tumulto que irrumpió en un fallido acto de Felipe Solá y la reciente y trágica represión en Bariloche todavía latente, son indicios o son síntomas, pero algo son. En claro contraste con un bienvenido acuerdo de calma en Gualeguaychú con mejores perspectivas, y con una sociedad argentina que en su gran mayoría y desde el bicentenario se expresa festiva, y que continúa así con el fútbol del mundial. El otro día la plaza del obelisco y la 9 de julio fueron la prueba del espíritu celebratorio que nos concierne. Pero ninguna postal de ninguna sociedad humana es monocromática y menos perfecta. Pero sería democrático que los empresarios del agro y el ganado aunque persistan en el permanente rechazo, al menos controlen sus afanes destituyentes. Que el Congreso reciba acusaciones pero con suficientes pruebas para llevar a tribunales y no infundios gaseosos que no pueden repetir en voz alta por su inconsistencia. Y que los políticos con tal de tener prensa no se sometan a la agenda hegemónica a la que los incitan y someten los grandes medios. La hipotética idea de una democracia estática con sus políticos y actores sociales en diálogos caballerescos y con las corporaciones predispuestas al consenso sensible no es solo una quimera: sino un imposible. Y si eso pasara es porque las que ganaron serían las corporaciones. La ansiedad política por las elecciones es siempre un umbral propicio a las tensiones. Pero hay que buscar la probabilidad de lógica de la militancia pacífica supere a la militancia insensata. En este contexto no estarían mal una policía no tentada a disparar como método, gobernantes templados que no hagan guiños instigadores a la policía; un periodismo que en lugar de encenderlo apague el fuego y altos obispos y pastores que no incidan en decisiones cívicas con sermones ni con intenciones usufructuando el nombre de los diferentes dioses. Pero que va a haber pugna a medida que se acerque el umbral de las urnas, va a haber. Y eso es sano mientras se empleen recursos que equilibren la injusticia que se busca reparar pero no con otra injusticia. Cuentas pendientes en situación de cobro como la Ley de Medios, Papel Prensa, la ya resbalosa identidad de los hijos en discusión de Herrera de Noble y los cada vez más crecientes juicios a los genocidas forman parte de ese escenario. Hay en él vulnerables, vulnerados y vulneradores. Cada uno sabe donde ubica su ideología, su exigencia y la aspiración posible y no fantasiosa. Y cada uno sabe si el lugar elegido responde a lo que pasa en la realidad o es solo fruto de sus propias y rabiosas ficciones. Un huevazo no hace verano, pero una bala produce una víctima. Si desde el poder ejecutivo se insiste en no reprimir y cumple su objetivo, por qué van a reprimir y violentar desde poderes menores descontrolados. En una dictadura- se sabe- a las armas del Estado las carga el diablo. En una democracia popular hay intereses y hay también idiotas que quieren despertarlo.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 30 de Junio de 2010 en Radio del Plata.

martes, 29 de junio de 2010

¿La razón o la magia, la tecnología o los ojos?

Cuando el hombre pisaba por primera vez la luna se alzaron lamentos porque la romántica luna de los sueños había sido alunizada y despoetizada por la tecnología. ¿Por qué –se preguntaban los poetas- perder aquel encantamiento que emanaba de su enigma por el desencanto realista de tantas certezas científicas?
Lo mismo podría pensarse del fin del enigma del embarazo, ya convertido en transparente. Hoy la certidumbre del sexo casi desde el embrión da fin a la espera del parto como única forma de revelación. Y por más que haya madres que para continuar degustando nueve meses la sorpresa, descarten ese proceso, éste es determinante más allá del criterio individual. La ciencia ya sabe el resultado, se quiera o no se quiera. Y la madre, aunque se niegue, no puede cancelar la anticipación. Esa es la discusión de hoy en el fútbol. Si aplicar las innovaciones técnicas electrónicas que eviten graves errores arbitrales o dejar que siga jugando el juego sus azares, incluyendo la probabilidad del desacierto y la injusticia. Desde siempre se plantea culturalmente esta antinomia entre la razón y la magia, entre el pensamiento y el instinto. Para ser más simples: entre la naturaleza y la ciencia. Y ese planteo es falso. Porque cada vez que la ciencia gana territorio y devela misterios, surge otro misterio adelante. Porque si los descubrimientos son interminables, los enigmas son infinitos.
Y si en el fútbol- como ya pasa en el tenis y en otros juegos- la tecnología desplaza a los ojos como sello de certeza, eso no impide otras incógnitas del juego: ya que no se sabe quién será el ganador ni menos cómo se irán comportando los tenistas en el desarrollo del partido. Ni miles de otras situaciones impredecibles. Antiguamente en un día nublado el campesino a lo mejor se decía que el cielo estaba pensativo. Apostaba a su pálpito o a su intuición para tratar de predecir la lluvia. Hoy la ciencia fue quitando pálpitos y permitiendo comprobaciones meteorológicas cada vez más precisas y sutiles.
Y sin embargo la naturaleza sigue siendo un misterio, aunque muchos de sus efectos sean previsibles.
Ya no es gracioso ni justo ni bello que al instante de producirse un gol ilegítimo dado por legítimo la tecnología nos descubra el error y la injusticia se lo siga convalidando en conocimiento ya de la verdad.
Sería como si en lugar de detectar al dinero falso se lo dejara cursar porque, salvo por advertencias técnicas, nadie se da cuenta de que es falso.
También acerca del sexo la ciencia va desmitificando casi todo: se están llegando a revelar el secreto de por qué un poro se siente afín con otro poro y no con otro. Y sin embargo el sexo sigue siendo un azar y un misterio. También lo seguirá siendo el fútbol.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 29 de Junio de 2010 en Radio del Plata.

viernes, 25 de junio de 2010

El “mentidero” y el “mentirismo” de cada día

O miente el ex embajador Sadous, o miente el canciller Timerman, o mienten los legisladores de la oposición, o mienten los legisladores oficialistas, o miente el Grupo Clarín y sus decenas de medios, o miente el diario La Nación, o mienten los periodistas oficialistas o mienten los periodistas no oficialistas o mienten los aliados kirchneristas o mienten los antikirchneristas. Pero alguien miente. Y a lo mejor más de uno. ¿Cómo saber dónde está la verdad si ninguno cree que el otro la tenga? Es ese juego de cruzada mendacidad el que consigue que la mendacidad sea la única verdad reconocible. Lo razonable sería que el Gobierno no fuese sospechado de mentir y de que la oposición fuera confiable en que le importa más la verdad que dañar al Gobierno con mentiras. Pero el mentirismo logra aumentar el descreimiento y la credulidad defensiva. Se ha instaurado un estado de permanente “mentirismo”. Ahora con las presuntas sospechas sobre el comercio con Venezuela y el probable interés de demonizar al chavismo atribuyéndole su siniestra sociedad con la Argentina. Pero no solamente con este caso. Tambièn se impone la duda en el caso del canje. ¿ Es mentira que fue exitoso o es mentira que fue un fracaso? ¿Es mentira que se salda la deuda o es mentira que el canje la aumenta? ¿En qué quedamos, si se paga se paga innecesariamente, y si no se paga aumentan los riesgos económicos? Y ¿Es verdad como dicen los medios y las voces que se oponen, que los jubilados están peor que nunca, o es mentira ya que hay pruebas que dicen lo contrario? Cada día una presunta mentira oficial es contradicha por desmentida por una mentira opositora. La sociedad no es neutra ya que se inclina con pasión por una o por otra. Sobre este escenario los medios hegemónicos y sus asociados múltiples se hacen un picnic. Se han vuelto adictos a los supuestos, a los rumores, al trascendido, a los habría, a la presunción, a la suspicacia y al infundio. Los mensajeros, los destinatarios,los protagonistas , los interesados conviven atraídos por la corriente. La sociedad consume las mentiras y tanto puede digerirlas golosamente como rechazarlas con asco. Este último recurso es el más higiénico. Y últimamente están creciendo sus usuarios. El mentidero acaba por contaminar el medio ambiente. Basta pasar por un puesto de diarios, oír programas de radio o televisión, participar de una reunión de vecinos, o permanecer un rato en una fila del banco para darse cuenta de los estragos. Cuando el obsesivo argumento político opositor pasa a ser la continua mentira, el objetivo es no reconocerle al gobierno ninguna verdad. Aunque algunas, el gobierno modestamente tiene.

Carta abierta leída por Orlando Barone el 25 de junio de 2010 en Radio del Plata.